La intriga y Faulkner de la mano

La muerte de la señora Emilia Grierson había inquietado a casi toda la ciudad. Hombres y mujeres habían asistido a su funeral con una inmensa curiosidad por entrar a su casa, en la que nadie había visitado durante los últimos diez años, excepto por su sirviente. Esa casa era un monumento, un recuerdo del siglo 17, época en la que fue construida, porque toda la ciudad a su alrededor se había modernizado.

Esa mujer era un misterio y lo que pasaba en su casa también, ya que en una ocasión todo el barrio podía oler un terrible aroma que brotaba de su jardín y tras el rechazo de Emilia por las quejas de sus vecinos, éstos se escabulleron en su patio para hechar cal sobre las paredes. Pero después de dos días ese horrible olor había desaparecido.

En Jefferson todos conocían a Emilia Grierson, ella era aquella anciana que se había quedado sola tras la muerte de su padre y el abandono de su prometido, Homer Barron, un capataz activo de ojos claros, a cargo de la pavimentación de las calles.

Todas las mujeres comentaban y seguían de cerca la vida de Emilia y su relación con Barron, creían que ella no podía relacionarse con un hombre del norte. Pero después de notar que Homer Barron ya no estaba con en la ciudad asumieron que él la había abandonado y Emilia nunca más salió de su casa desde aquel momento.

El comportamiento de la anciana era extraño, se quedaba sola en su casa, no recibía visitas. La única persona que entraba y salía de esa vivienda era su viejo sirviente para ir al mercado, que era jardinero y cocinero a la vez. Además hubo una ocasión en la que Emilia compró arsénico y no quiso explicarle al vendedor para que lo necesitaba.

Emilia Grierson ocultaba algo, no se sabía bien que era, pero una vez que pudieran ingresar a su casa todos lo descubrirían.

William Faulkner no deja saber al lector nada concreto sobre Emilia hasta el final de la historia. Es como que lo hubiera insertado en el cuento como un vecino, que especula sobre aquella anciana, hasta que descubre la verdad acerca de ella una vez que penetra en su casa.

Es por eso que durante la lectura se crea un clima de suspenso e intriga, que obliga al lector a seguir leyendo, a querer saber quien era esa mujer y que escondía.

Por Andra Sitt

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