A menudo se oyen quejas a cerca del deficiente sistema de representación que nos toca a los argentinos. Este problema no sólo aqueja al ámbito nacional, también es un germen más que presente en la política estudiantil. Y parece tener lógica: desde ambos lugares se construye ese camino a un poder fundado y a la vez, no tan fundado.
Del 24 al 28 de septiembre hubo elecciones para el Centro de Estudiantes y el Consejo Directivo en la Facultad de Abogacía (UBA). Numerosas agrupaciones repartían volantes, constituciones, CD’s con fallos y petitorios para colaborar con diversas causas. Faltó la propuesta que atacara el problema real.
Ir a votar fue una obligación para no perder la regularidad, aunque es sabido que nadie la pierde, pero parece lógico que los estudiantes –más de Abogacía, carrera predilecta por presidentes y funcionarios- quieran ejercer su deber/derecho cívico-político-estudiantil. La mayoría de los votantes no conoce a la agrupación que votó.
¿Es una falencia de los estudiantes? ¿Hay errores en la comunicación? ¿O es que la gente, incluso a nivel nacional y por el agudo descreimiento que ronda lo político, ya se resigna a perder esa cuota de autoridad que es el voto?
Por Juan Torres López en simultáneo con Nadie Nunca Nada
Escrito por nopublicable