Desmanicomialización

Abril 26, 2007

Hace 15 años surgió LT 22 radio “La Colifata” –primera frecuencia en el mundo en transmitir desde un hospital neuro psiquiátrico- con la idea de integrar a la sociedad a aquellos que se encuentran aislados del mundo por estar internados debido a ese fenómeno que solemos llamar “locura”. Las estadísticas indican que un 70 % de los asistentes habituales al espacio radial, fueron dados de alta y, de estos, solo el 3% recayó en una internación. Esto permite constatar el importantísimo papel que cumple la radio en la vida de cada paciente. El resultado de esta acción terapéutica, permite la reinserción en la sociedad, tras recuperar la posibilidad de ser escuchados. Por esto, es preciso destacar la incidencia que logra la radio en los pacientes.

El testimonio del licenciado en psicología y creador de radio “La Colifata”, Alfredo Olivera, ratifica  “la necesidad de la continuación del camino iniciado, precisamente, para evitar reincidencias que aborten la recuperación”. Este proyecto, tuvo una ola expansiva en varios países del mundo que se inspiraron en la misma idea: entre ellos, Francia, Italia, Alemania y Chile.  Al mismo tiempo, se prevé un encuentro “colifato” mundial -con sede en  Buenos Aires- que permitirá formar un espacio de acercamiento de todas las experiencias que llevan adelante proyectos de radio, protagonizados por los propios carenciados en materia de salud mental, y que utilizan este medio como instrumento de recuperación y promoción clínica y comunitaria. La idea elemental, es aprender todos de todos y tener contacto con realidades cercanas –en alusión al mismo problema, la “locura”- pero a la vez lejanas en términos geográficos.

     El solo hecho de que este acontecimiento se materialice en territorio argentino, exhibe el grado de reconocimiento universal al camino terapéutico impulsado por el equipo interdisciplinario independiente que lo inició hace ya una década y media. En este trayecto, una de sus características más trascendentes alude a la recuperación y acercamiento de la familia respecto de los internos, en un vínculo generador de salud mental.

     Por otra parte, cabe destacar que “La Colifata” es una organización no lucrativa con el genuino sustento de la comunidad que ha hecho suya la iniciativa. Esto es así, a punto tal que se la considera “patrimonio de todos”.  Es un emprendimiento típicamente argentino que ha trascendido nuestras fronteras y que nos representa como sociedad solidaria, en tránsito hacia la potenciación de la lucha contra la discriminación.

Por Andrés “tato” Olivera


SERVICIO AL GENERAL

Abril 26, 2007

Entrevista a Ricardo Ahe

Una infancia transcurrida en Florida, partido de Vicente López, en un colegio industrial del estado, en un principio, no parece interesar pero, la vida política de Ricardo Ahe comienza a la temprana edad de los 15 años cuando se junta en el barrio con un grupo nacionalista peronista católico. Tenía inclinación por las cosas que hacían por la patria y por el bien común, eran momentos de revolución política en el país y eso atraía a los jóvenes inquietantes, curiosos y concientes de la actualidad que vivía la República Argentina en tiempos de renovación.

¿Qué era lo que se hacía cuando se militaba?

Hacía exactamente lo que hacían otros grupos de jóvenes políticos. Se juntaban entre siete y diez personas, formaban un grupo, comando o sección y lo primero que hacían era sacar un diario, una hoja. Esta actividad se desarrollaba dentro de un sindicato que te prestaba un lugar y una máquina de escribir, se hacían actos relámpagos, había concentraciones, marchas, pintadas, te corrían y te metían preso pero nadie pagaba las pintadas como se hace ahora.

 ¿Cuál fue tu primer cargo político?

 En ese momento, lo importante no eran los cargos sino los objetivos. El propósito de esa generación era el retorno del General Perón a la patria que insumió 18 años, del 56 al 72. Perón decía que lo importante no era el partido sino el movimiento.

 ¿Cómo sigue tu carrera en la política?

 No es una carrera, es un servicio. Sigue la militancia con el retorno del General Perón. Soy nombrado en el rectorado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de ahí a la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación entre el 73 y el 76. Estoy en la secretaría hasta el 24 de marzo de 1976 que viene el golpe que me toma en Casa de Gobierno pero no soy detenido.

¿Qué función cumplías con Osvaldo Mércuri?

Estaba en la cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires con el objetivo de asesorar en la convención constituyente que se iba a realizar ya en el 94. Participe de la reforma de la Constitución de la provincia que reconoce, como pocas constituciones en el mundo, la vida desde el momento de la concepción.

 ¿Cómo surgió la idea de la Operación Cóndor?

 El tema de Malvinas estaba latente en todos los grupos políticos, especialmente en los nacionalistas. El que no quería ir en barco quería ir en aerostático, pero de alguna forma quería hacer algo. Dardo Cabo y  Cristina Barriel pensaron en la toma de un avión.

 Eran 17 muchachos y una mujer. Se hizo una inteligencia previa y se contactó con gente que estuvo ahí, los grupos estaban organizados y ya habían realizado acciones de agitación urbana.

Se salió de aeroparque con rumbo a Río Gallegos en un avión de línea de Aerolíneas Argentinas, se desvía en Puerto San Julián con rumbo 105 y se enfila hacia Malvinas. Dardo Cabo y Geovenco van hacia la cabina y persuaden al piloto para que cambie el rumbo y llegamos al Puerto Argentino que nosotros nombramos Puerto Rivero como se denominó después del 2 de abril.

Tomamos como rehenes a los británicos y a algunos civiles más. El 28 de junio fue el golpe de Onganía contra Illia y el 28 de septiembre fue nuestra operación. En un comunicado nos declara facciosos y nos quería aplicar todo el rigor de la ley.

El problema era que no queríamos ni podíamos entregarnos a los ingleses porque todo el acto de soberanía que habíamos efectuado quedaría desvirtuado. Después de negociaciones con el piloto de la aeronave y el sacerdote católico, le entregamos todas nuestras armas y quedamos bajo la protección de la iglesia católica guiados por el padre Ruel.

Nos fuimos en una barcaza carbonera y nos toman la primera declaración. Todos concordamos en decir: “Yo fui a las Malvinas a defender la soberanía argentina”. Todo termina con una condena para el 90 por ciento del grupo de 2 años en prisión, pasando 9 meses en Río Grande.
Por Nicolas Resco